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100 años de Doris Day: la verdadera historia de la 'virgen oficial de América' y atípica rubia Hitchcock


Si Frank Sinatra fue la 'voz de América', ella puede presumir de ser su versión femenina. Doris Day murió el 13 de mayo de 2019 a los 97 años de edad. Atrás dejó una carrera y una imagen icónica que simbolizó a aquel Estados Unidos de amas de casa impolutas, casas adosadas y niños que repartían el periódico en bicicleta. Si el presidente Eisenhower alentó aquella América de la posguerra y propició el sueño americano, Doris Day fue su mejor embajadora en la gran pantalla. Una pintura de Norman Rockwell hecha mujer.

Este domingo es fiesta para unos fans que hasta acudían a los alrededores de su casa para cantarle un sentido 'happy birthday'. A veces, incluso, teniendo la suerte de que ella misma saliese al balcón para responderles, tal y como se puede ver en uno de los vídeos que ilustran este artículo, una grabación de su 92º cumpleaños. Este 3 de abril, como decíamos, se celebra su centenario con una programación especial en el TCM norteamericano e incluso una fiesta, 'The Pajama Party', dedicada a ella. Una prueba de que, lejos de caer en el olvido, la actriz sigue siendo un símbolo de cierta idea de América y de lo americano.

Sola (o acompañada por Rock Hudson en comedias románticas de los 60 como 'Confidencias de medianoche' o 'Pijama para dos') demostró que sabía cantar, bailar y ganarse el cariño de un público que la adoraba. Incluso aquel que la veía como un producto edulcorado; mermelada untada en pan bendito. Los más críticos la llamaron la 'virgen oficial de América', ya que en muchas de sus películas trataba de preservar una anacrónica honorabilidad. En la vida real, fue una mujer que se casó en cuatro ocasiones.


Republicana hasta la médula, siempre creyó en lo de celebrar el amor pasando antes por el altar. Su primer marido le llegó muy joven, con 19 años. Fue entonces cuando se casó con el músico Al Jorden, al que conoció a principios de los años 40, cuando ambos eran parte de la misma banda musical. Aunque el matrimonio solo duró dos años, fue lo suficientemente largo como para que engendrasen al que fue su único hijo, Terrence Paul. La muerte de este en 2004 fue, de hecho, uno de los sucesos tristes que marcaron sus últimos años de vida.

Su segundo marido fue aún más importante, ya que la introdujo en la cienciología. George Weidler también era músico y se casó con ella en 1946, justo en la época en la que Warner Bros (y especialmente el director Michael Curtiz) la convirtieron en una estrella. A finales de los años 40, no había jovencito o jovencita en Estados Unidos que no hubiese escuchado alguna de sus canciones o conociese de memoria los muchos musicales ('Romanza en alta mar' o 'Mi sueño eres tú' fueron la alternativa warneriana a los que producía Arthur Freed para la Metro) que protagonizaba. El matrimonio duró hasta 1949 y, aunque tiempo después ella y Weidler vivirían una breve reconciliación, las llamas del amor jamás se reavivaron.


Sin embargo, el hombre que más la marcó fue Martin Melcher. Con él llegó a adoptar a un hijo. A él lo convirtió en el gran baluarte de su carrera. Melcher produjo algunas de sus películas y, en más de una ocasión, la animó a que corriese riesgos. En 1953, por ejemplo, nadie la hubiese visto encarnando a la rolliza y masculina 'Calamity Jane' del Lejano Oeste. Doris lo hizo en un musical y todo el mundo en Hollywood supo que su tercer marido había tenido mucho que ver en la decisión. También él la animó a trabajar con Alfred Hitchcock en aquel 'El hombre que sabía demasiado' que dejó para la posteridad su canción más famosa: '¿Qué será, será?'. Un tema que servía a su personaje para acudir al rescate de su hijo secuestrado y que escucharon millones de personas en todo el mundo. La película, remake de otro éxito hitchockiano de los años 30, fue un nuevo éxito para el tándem Stewart-Hitchcock, aunque ella pasase a la historia como la más atípica rubia del 'maestro del suspense'.

El marido que la arruinó

La trastienda del matrimonio Melcher-Day no fue ni mucho menos idílica. Mientras que ella trabajaba día y noche, el marido chupóptero dilapidó su fortuna junto a su socio, Jerome Bernard Rosenthal. Arruinada, Doris decidió demandarles a ambos y ganó un juicio contra el segundo. Gracias al pleito se llevó 20 millones de dólares de indemnización. Ignorantes de la estafa, sus espectadores criticaron que, tras la muerte de Melcher, la actriz no tuviese problema en reanudar su carrera profesional y participar en 'El show de Doris Day', un programa que había firmado el difunto antes de morir sin que ella lo supiese. Fallecido en 1968, Martin Melcher dejó una profunda huella en la actriz, que se deprimió hasta el punto de vivir retirada y sin querer saber nada del mundo del espectáculo. Desde esta época, solo tuvo ojos para sus mascotas.

De hecho, cuando volvió a casarse con Barry Comden, este se quejó de que "se preocupaba más por los animales" que por él mismo. Las quejas llegaron poco antes de divorciarse. Años antes, cuando se declaró a Doris, lo hizo a la salida de un restaurante con una bolsa de carne y huesos para sus perros.


Alma caritativa que emulaba la enérgica simpatía de sus personajes, en los últimos años se convirtió en una activista en favor de los animales. También fue un gran apoyo para su amigo Rock Hudson cuando este tuvo que confesar que tenía sida. Cuando medio país lo discriminaba y las informaciones sobre la enfermedad eran escasas, ella fue la gran muleta del actor. En los últimos años, personas de su alrededor mostraban su preocupación por el carácter recluido de la estrella, que apenas salía de casa, ni siquiera para continuar su labor hacia los animales. De hecho, cuando una vez la visitó Paul McCartney, creía que se trataba de una broma.


Casi centenaria, Doris Day murió sin obtener ese Oscar honorífico que reclamaban sus grandes fans. Ella se negaba a recogerlo y la Academia de Hollywood, quizá molesta, se lo regateó durante demasiados años. Pero como a Chaplin, Hitchcock, Rita Hayworth y otros tantos, nunca le hizo falta el premio para ser lo que hoy es: uno de los grandes mitos del siglo XX, una de esas voces que siempre evocaban un mundo mejor... aunque fuese de mentira.

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